La reorganización del mapa de las cajas de ahorros está costando más de lo debido, los contratiempos se multiplican y la falta de visión de futuro de algunos de sus dirigentes, que no son capaces de superar el estrecho ámbito de sus intereses locales, puede provocar un serio revés para el sector en su conjunto, aunque las dos principales cajas de ahorros del sistema (La Caixa y Caja Madrid), por razones muy distintas, permanecen ajenas al proceso de concentración que vive el sector. ¿Tiene lógica?
El hecho de que las dos mayores cajas de ahorros españolas se hayan quedado al margen de un proceso que parece imparable puede condicionar el desarrollo eficaz de la operación. Tiene poca lógica que estas dos entidades no participen por varias razones. La primera de ellas porque son las que cuentan con mayores recursos financieros y, por lo tanto, las que podrían aportar viabilidad a la integración de algunas otras entidades. Segundo, porque cuentan con medios humanos y equipos capaces de llevar a cabo esas integraciones. Y tercero porque se trata de dos entidades con clara vocación de extensión de su presencia en el ámbito estatal, aunque alguna de ellas se encuentre ahora mismo realizando cortes selectivos de su red de oficinas para aligerar costes y mejorar su grado de eficiencia. En el sector financiero hay ahora mismo un exceso de capacidad que algunos analistas y consultores han cuantificado en torno a un 20% de la red, en una valoración posiblemente modesta. Hay quienes hablan de un 30% de capacidad sobrante. La concentración de las cajas de ahorros es una oportunidad indudable para ejecutar este ajuste de capacidad en el sector. Y, en este sentido, las cajas de mayor tamaño deberían estar abocadas a un protagonismo más activos y ser más beligerantes. El por qué han sido excluidas o se han auto excluido es una de las debilidades del proceso en la cual posiblemente el Banco de España ha pecado de tolerancia.
Una comparación, que quizás no resulte odiosa, entre el actual proceso de concentración de las cajas y el que vivió la banca años atrás, quizás podría suministrar algunas enseñanzas. Hay una clara diferencia entre los bancos y las cajas en ambos casos: el proceso bancario fue en parte exigido por la debilidad financiera (o directamente por la quiebra) de algunas instituciones, lo que no es exactamente el caso de las cajas (al menos no de la mayoría) en la actual situación.
Una segunda diferencia es el carácter local de las cajas y el peso de las autoridades políticas locales en las tomas de decisiones en contraposición con la inexistencia de este condicionante en los bancos. En la actual fase de concentración de las cajas, la hipersensibilidad regionalista condiciona severamente los proyectos y reduce las posibilidades de cruces entre entidades. Se ha visto con claridad en el intento (que no pasó de ahí) de la caja vizcaína BBK de adquirir la CCM de Castilla-La Mancha: saltaron todos los resortes en contra de la posibilidad de que la caja vasca controlara la castellana. El asunto ha quedado más en evidencia cuando hemos visto que la CCM ha ido a parar bajo el control de una caja de Asturias, asunto que no ha suscitado ningún desvelo en prácticamente ninguna instancia. Al menos, en este caso se ha roto el tabú de las fusiones interregionales. Algo es algo. Pero ha aparecido otro: el color político, que en las cosas financieras no debería marcar diferencia, ha podido jugar un papel determinante. Más aún teniendo en cuenta que la BBK no es precisamente una caja cualquiera, sino una de las más rentables, con diferencia, del mapa financiero español. Lo de que sea vasca es ya otra cuestión que por lo que se ha visto genera estigmas insalvables.
Hay otro asunto que no ha pasado desapercibido en relación con la desesperante lentitud de la concentración de las cajas: el sector, que ha sido un brillante gestor financiero en los últimos años y que ha logrado arañar cuota al sector bancario privado, puede perder en este embate algunas de las cotas de éxito alcanzadas. Las cajas pueden verse abocadas a una pérdida de cuota de mercado si el proceso sigue desarrollándose con la parquedad y corteza de miras con que se está llevando a cabo. El hecho de que las cajas no estén siendo capaces de abordar fusiones inter regionales puede ser en la práctica una de las razones que posibiliten el avance del sector bancario privado en cuota de mercado.
En suma, un proceso en el que los grandes protagonistas están ausentes, en el que el banco de España parece estar desempeñando un papel de perfil muy bajo en lo tocante a protagonismo y capacidad decisoria y en el que las instancias políticas han asumido la versión más restrictiva del Estado de las Autonomías, está abocado a algo parecido al fracaso.