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Charo Zarzalejos

Charo Zarzalejos

Más acontecimientos que campaña

20/05/2011 | 14:16 h.

Hace dos semanas la interrogante más extendida era por cuanto iba a ganar el PP y en estas horas, ya con la campaña cerrada, la pregunta es ¿que va a pasar de aquí al domingo por la noche?. Con esta interrogante concluyen unas jornadas en las que nuestros responsables políticos han hecho muchos kilómetros para ir predicando sus sutiles –y no tan sutiles—estrategias tratando de convencer a los más posibles de que ellos son los mejores.

Sin embargo los momentos estelares de campaña, los hechos por los que será recordada nada han tenido que ver con la honrosa y obligada petición de voto. Se han situado al margen de las estrategias diseñadas inicialmente, han provocado polémica, dolor e incertidumbre.

Polémica generó sin duda la legalización de Bildu, legalización aplaudida por unos y en absoluto deseada por muchísimos más. El Gobierno vió refrendada su estrategia por el Tribunal Supremo, pero el Constitucional, con un fallo que por su garantismo pasará a la historia, cambió las tornas. Sabemos que el Gobierno acata y respeta la decisión del tribunal y que a Rajoy le gusta ver a Bildu en las instituciones. Entre medias se colaron algunas declaraciones más sonoras que las del líder del PP, pero en ningún caso se produjo la catarata de descalificaciones y de cierto tremendismo que el PSOE esperaba y que lo esperaba con ansiedad para que se generara esa tensión necesaria en la que los errores del adversario tienen un efecto movilizador entre los más próximos.

Luego vino el terremoto de Lorca. Fue una tragedia que sirvió, sin embargo, para que surgiera un consenso generalizado para alabar y poner en valor la coordinación, la caballerosidad institucional y sin duda la eficacia de las administraciones, todas, a la hora de dar respuesta a situaciones difíciles y dolorosas. Por un día la campaña calló y por unas horas la clase política en su conjunto estuvo a la altura de las circunstancias.

Pero ha resultado que mientras el Tribunal  Constitucional deliberaba la suerte de Bildu y la tierra temblaba en Lorca, en las redes sociales, se estaba organizando una pretendida “primavera española” .Cuando se escriben estas líneas, ha tomado cuerpo en forma de concentraciones, mayoritariamente de jóvenes, que organizados de manera asamblearia y situándose al margen de partidos y normas nos dicen que lo que hay no les gusta. No les gusta el bipartidismo, ni el capitalismo, ni las listas cerradas, ni la democracia representativas porque “la soberanía está en Sol”. Son gentes con motivos para protestar, para sentirse desencantados pero lo cierto y más allá del derecho que les asiste a la protesta, a la denuncia y a la reivindicación, lo cierto es que—hasta el momento—no han logrado entusiasmar más que aquello que denuncian. Cualquiera de los partidos políticos que concurren a las elecciones van a tener más apoyo que los llamamientos a ver  el mar debajo de los adoquines.

Si este  movimiento 15-M hubiera conectado de verdad con esos cinco millones de parados, con ese 43 por ciento de jóvenes parados, con esos cientos de miles de padres de familia que no llegan a fín de mes, si de verdad ofrecieran más credibilidad, más esperanza que los denostados políticos, la Puerta del Sol, no, Madrid y otras ciudades españolas habrían estado, estarían a reventar. No se trata de minimizar el fenómeno, solo de darle la trascendencia justa. Son muchos los que han acudido y acuden a las citas de los acampados pero son muchos más los parados, los jóvenes que no encuentran trabajo, los que se ven agobiados por las deudas que han optado por otra cosa, por otra forma de hacerse presentes que no es otra que la de ir a votar. Con todo y pese a estos datos que son objetivables nada más arriesgado que restar importancia, valorar erróneamente lo ocurrido.

A esta conclusión han llegado los grandes partidos. La reflexión más serena llegará a partir del lunes, día 23. En un primer momento, voces socialistas se pronunciaron incluso con ternura y supuesta sintonía con los acampados pero esas carantoñas iniciales han ido bajando de tono.  Respeto, dice el PSOE, pero en democracia para exigir hay que votar. El PP ha pasado de puntillas sin que ello haya excluido ni excluya algunos temores. Nada de exabruptos ni de descalificaciones. Nada de exigir disoluciones de concentraciones y si insistir hasta el último segundo en el tono y mensaje general de campaña.

Al margen de estos acontecimientos, en absoluto irrelevantes, la disciplina ha sido una nota destacada. Disciplina en el PSOE porque no se ha hablado de la sucesión y disciplina en el PP en donde Rajoy ha marcado tono y discurso al mismo tiempo que ha habido un cuidadoso y medido reparto de papeles.

Esta disciplina no ha evitado errores ni declaraciones innecesarias, no ha impedido descalificaciones que no dan un solo voto, ni ocurrencias más que llamativas. Naturalmente a todo esto se pueden poner nombres y apellidos pero ya da igual . La campaña ha concluido.

 

20/05/2011 | 14:16 h.

Charo Zarzalejos

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