Apreciado director:
La Iglesia holandesa, tantas veces citada como ejemplar, acaba de reconocer que docenas de miles de niños han sido víctimas de sacerdotes pederastas. La catoliquísimas Irlanda hace pocos meses que, tras un exhaustivo estudio, protestó por boca de su misma presidente por parecidos escándalos, por lo que muchos fieles abandonaron la Iglesia y el Vaticano retiró su embajador en Dublín. En España, en cambio, parece que no ha ocurrido nada de eso, a pesar de la abundancia de clero, colegios religiosos etcétera. ¿Será un milagro divino que nos ha favorecido, o de una sociedad que no sabe denunciar ni los peores abusos, ni a sus mismos hijos, y sin más continúa poniéndolos –literalmente- en manos de quienes tan impunemente abusan de ellos?
