La tarea más urgente del nuevo gobierno es sin duda socioeconómica. Resolver el problema del paro, el déficit, etc. Pero para muchos (entre los cuales me encuentro) lo más importante es la regeneración democrática, o sea, las separación de poderes, la prevalencia del Estado de derecho, etc. Contábamos con que las medidas encaminadas a la regeneración de las instituciones en pro de una efectiva separación de poderes acompañarían desde el principio a las económicas. Pero nuestro gozo en un pozo. Hemos sabido quienes van a ocupar las carteras de Justicia y de Interior y nos hemos caído del guindo. Los señores Gallardón y Fernández son las personas menos adecuadas para remar en esa dirección. Muy al contrario su nombramiento es a mi juicio una declaración de intenciones malévola del Sr. Rajoy. Por si quedaba duda a ambos les ha faltado tiempo para corroborarlo desaciéndose en encendidos elogios hacia sus predecesores en el acto de posesión de sus respectivas carteras ministeriales, mucho más allá de una escueta y elemental cortesía. Blanco y en botella. Gallardón anuncia la reforma del Constitucional y del CGPJ. Me temo que sera cambiar todo para que todo siga igual de politizado.
Que las víctimas del terrorismo se olviden de verse resarcidas moralmente. En el 11M se volverá a abrazar con entusiasmo la versión oficial y se bloquearán todos los intentos de aclararlo y de enjuiciar a los sospechosos de destruir y falsificar pruebas. Al juez Bermúdez lo ascenderán más si cabe.
Enseguida echarán tierra sobre el Faisán. Las componendas con la izquierda vasca (y ETA?) seguirán bajo manga, sin perjuicio de escenificar grandilocuentes y severas soflamas contra los terroristas. Un panorama desolador. Si llego a saber esto hubiera dejado de votar al PP por primera vez. Me pasaré a Rosa Diez que estas cosas si las tiene muy claras aunque en lo económico aplicaría recetas distintas y aun contrarias a las que defiendo.
¡Ojalá que los hechos me desdigan y tenga que tragarme estas palabras! ¡Qué feliz me sentiría!
