Segunda ópera de la Temporada del Teatro Real: la obra de Claude Debussy en una producción procedente de la ópera nacional de París y del Festival de Salzburgo. Es decir Gerard Mortier a tope.
Cómo conocen mis llamadas críticas son de todo menos críticas. Ni positivas ni negativas, son comentarios y opiniones muy subjetivas que pretenden mantener siempre un respeto hacia el trabajo de los artistas. Por ello esta crónica la van a realizar los propios protagonistas y simplemente añadiré una coda a sus manifestaciones.
De esta forma Sylvain Cambreling, director musical y gran conocedor de la obra significaba textualmente a la misma como: “Sensibilidad, presión exacta, pero sin que ello invite a dormirse. La luz viene de la luna”. De acuerdo con el maestro. Una tuvo durante la representación diversas y seductoras invitaciones a dormirme. Debe ser que la presión no fue lo suficientemente exacta.
Una de las razones nos la comenta Camilla Tilling, joven y maravillosa soprano sueca que actuó como el Ángel en el San Francisco de Asís de Messiaen y que ahora repite su buen hacer como Mélisande: “Se puede trazar un arco entre Debussy y Messiaen”. Para mí fue una línea recta. ¿Tiene algo que ver cierta desconfianza del maestro con la orquesta? ¿Han faltado ensayos y la última representación será sublime? Lo desconozco y me temo que seguiré en mi ignorancia.
La dirección escénica es de Robert Wilson, ya conocido por estos lares. Fantástico escenógrafo, iluminador, coreógrafo y gran conocedor de la expresión corporal, abdica de alguna faceta de su condición de Director Escénico al proclamar: “Odio el naturalismo”. Es su opinión. Ha montado y monta espectáculos fascinantes con esta filosofía. Así la música de Debussy le va como anillo al dedo, pero si esta se produce sin la llamada “presión exacta” el ritmo pasa de sensible a lento y la sensación de somnolencia se acentúa entre tanto minimalismo que no excluye una serie de hallazgos escénicos que sorprenden gratamente.
Pese a lo comentado que puede invitar poco a presenciar estas representaciones yo recomiendo que acudan. Es un espectáculo de gran calidad con cantantes de gran talla como la ya citada Camilla Tilling, Hillary Summers, Yann Beuron, Laurent Naouri y Franz-Josef Selig y una oportunidad a acercarse a la música de Claude Debussy que precisa de cierta atención, emoción, mente abierta y humildad para llegar a paladearla.
