El ministro de Finanzas griego, Yorgos
Papaconstantínu, dijo que "el objetivo es, y creemos que lo lograremos,
continuar obteniendo préstamos sin dificultades por parte de los
mercados". Papaconstantínu señaló, no obstante, que la decisión tomada
hoy es importante tanto para Grecia como para la eurozona "y muestra la
confianza de los socios europeos en Grecia". En ese sentido, manifestó que el mensaje es
que se ha "reconocido los grandes esfuerzos de los griegos", en relación
al duro paquete de ahorro puesto en marcha por el Gobierno para reducir
el déficit público y la enorme deuda del país. La Agencia de Gestión de la Deuda Griega ha
informado de que el país necesita 32.000 millones de euros para cumplir
con sus obligaciones de pagos hasta final de año, incluyendo lo 11.000
millones que ha de abonar de la deuda que vence en mayo. El apoyo a Grecia, si se decide a pedirlo,
sería en forma de préstamos bilaterales por parte de los socios de la
eurozona, bajo la coordinación de la Comisión Europea (CE), que se
concederían a Grecia el primer año. La otra parte de la ayuda sería aportada por
el Fondo Monetario Internacional (FMI), aunque no se han aclarado la
cuantía de esa hipotética intervención. El precio de los préstamos
bilaterales europeos será fijado con arreglo a las fórmulas usadas por
el FMI y rondará el 5 por ciento el primer año para crédito a tres años. La desconfianza en la capacidad de Grecia de
cumplir con sus pagos ha obligado al Tesoro griego a ofrecer a los
inversores intereses superiores al 7 por ciento para colocar sus
obligaciones a diez años, lo que supone un récord desde la adhesión del
país al euro y pone en riesgo el éxito de su duro ajuste presupuestario.
